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Competitividad vs. participación

  

Una de las misiones de La Clínica del Corredor es la de hacer mover a la gente mediante la práctica de la carrera a pie o de cualquier otra actividad física. Estos últimos años, hemos podido observar una intensa pasión por la carrera a pie; los eventos son cada vez más numerosos y la tasa de participación aumenta sin que podamos presagiar una desaceleración. ¡Una progresión que lo tiene todo para que nos alegremos!

 

De hecho, varias competiciones populares cuelgan el cartel de completo mucho antes de que el acontecimiento tenga lugar. Algunas carreras escogen incluso una opción más restringida, en las que se deben cumplir una serie de condiciones, haber conseguido una serie de logros o incluso entrar en un sorteo, de manera a poder ofrecer un servicio de calidad a los participantes. La popularidad de la carrera a pie ha provocado el nacimiento de una oleada de variantes, siempre colocadas bajo el tema de la carrera, pero uniendo la actividad física a una dimensión más lúdica, recreativa. De hecho, los eventos populares como Spartan Race, Color Run, Prison Break, Tough Mudder y Totale Bouette se añaden a las carreras más tradicionales desarrollando un mercado donde se provocan otros estímulos. Desde el momento en que encontramos la existencia de recorridos con obstáculos, cualquier corredor va a tener la ocasión de correr en circuitos y carreras siguiendo la fórmula que más les guste. Sin embargo, una voz contrastada se eleva para afirmar que estas carreras son un himno a la frivolidad. Carreras que no siempre están cronometradas, una promoción donde el primer mensaje se articula alrededor de la palabra “participación”, una promesa de superación de sí mismo o de placer y finalmente, una idea de competición que se aleja rápidamente de la ecuación. ¡No hace falta nada más para que se lance el debate!

 

¿La llegada masiva de estos corredores de nuevo género así como los obsequios ofrecidos a todos, sin tener en cuenta el resultado, vienen a diluir por ellas mismas la naturaleza de la prueba? ¿Y si las medallas que se dan sin distinción a todos los participantes modificaran la medida de lo que es un éxito deportivo en los jóvenes y menos jóvenes? En fin, la verdadera cuestión que deberíamos hacernos podría bien ser la siguiente: ¿la competitividad es más importante que la accesibilidad creciente de las actividades para los amantes de la carrera a pie? Los partidarios de la división ganadores/perdedores se opondrían también a los adeptos que corren por mero placer en unas pruebas que se desarrollan según las necesidades de cada uno. ¿Esperar forjar el carácter de los más jóvenes inculcándoles los valores de la perseverancia, de la determinación, y de otros rasgos desarrollados a fuerza de entrenamientos con una visión de perfeccionamiento deportivo, es realmente más importante que el de democratizar la práctica de la carrera a pie? En un medio y una era dónde el sedentarismo está presente, podríamos preguntarnos si no sería mejor dar prioridad a la actividad física realizada a gusto, accesible a todos los grupos de edad, y luego, pero solamente luego, hablar de competición y elitismo.

 

Otro apartado de una misma problemática: muchos consideran que una gran mayoría de corredores se lanzan a la aventura de una maratón (42,2km) sin respetar la naturaleza de la prueba. ¿Juzgamos mal la seriedad de una maratón si prevemos realizarla durante el primer año de entrenamiento? ¿Es pura locura o sólo quizás el signo de que la representación del éxito deportivo ha cambiado? Correr la maratón en más de 5 horas, ¡eso es lo que no veríamos durante los años 80! Para Sr y Sra Todo-el-Mundo, aficionados de la carrera a pie, esto significa competir. ¡En el sentido de sobreponerse a uno mismo! Nosotros hemos lanzado la pregunta « ¿por qué los resultados eran mejores en los años 80? » (Our era vs. the 80s) Los datos muestran que ha habido un cambio claro, una era bruscamente apagada en los años 90. ¿La generación precedente estaba obnubilada por los resultados? ¿La idea de juego concuerda mal con la de la prueba? Esta representación de la actividad física, dónde el logro está necesariamente relacionado al éxito, deja poco sitio a los que la edad les ha limitado finalmente el progreso. Cuando ya no hay resultados, ¿cuál es el interés en el deporte?

 

Esta democratización de la carrera parece ser la mejor manera de hacer mover a la gente. Al final, pocos atletas nos representan a nivel internacional y estos son modelos interesantes para los jóvenes, el gusto por el deporte se desarrolla también por su accesibilidad y la posibilidad de realizarse dentro de sus capacidades.