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El calzado y los niños (parte 1)

 

 

Proteger aquello que es sano sin fragilizarlo

 

El pie es a menudo el centro de las preocupaciones de los profesionales de la salud, ya sea alabando las tecnologías correctoras y su incidencia sobre los problemas de deambulación, dudando de ellas, o incluso cuestionando el uso del calzado. Profesionales de la salud, padres, pequeños corredores y grandes empresas han compartido sus experiencias y han contribuido, de manera desigual, a ampliar nuestro conocimiento.

Seamos francos, los siguientes puntos no silenciarán las desavenencias que se muestran en los numerosos debates que siguen en la actualidad, pero nos permitirán poner al día sus contradicciones y distorsiones. En un momento en el que las grandes marcas se benefician de múltiples plataformas para expresarse y poder llegar al público con más fuerza que los propios expertos, es importante echar una mirada a las evidencias científicas e informar al consumidor sobre el calzado y los niños.

 

El problema…

 

Existen muchas posibilidades que el primer calzado de nuestros bebes forme parte de la categoría de “calzado corrector” y esto sin el consentimiento informado de los padres. Esto es aún más cierto si vuestro hijo se encuentra en sus primeras actividades de locomoción. ¿Sorprendente, no? No tanto si tenemos en cuenta que la mayoría del calzado que hay disponible actualmente para los niños está fabricado a partir de material rígido, equipados de soporte del arco plantar y de un talón elevado. Características supuestamente para “corregir”, o al menos prevenir, los músculos y la estructura ósea de futuras malformaciones o problemas en la deambulación. Dicho de otra forma, vuestro hijo está sano, el crecimiento de sus extremidades inferiores no ha acabado y se toman medidas para protegerlo de males que no existen o de particularidades no problemáticas. Lo peor de todo es que estas tecnologías limitan la estimulación del pie, su libre desarrollo y el refuerzo de estos músculos.

 

Interferencia con el desarrollo

 

Antes de cuestionar algunas de las creencias que encontramos bien arraigadas en la sociedad, pero que no se reflejan en las evidencias científicas, pongamos el acento en un punto esencial: el crecimiento del niño no termina hasta finalizar la adolescencia. Su cuerpo continúa cambiando; los huesos se alargan y cambian de forma, los músculos se fortalecen. Intentar prevenir la aparición de defectos o corregir la presencia de una diferencia con respecto a la norma, a un modelo, significa entorpecer el curso normal de su crecimiento. Actualmente está bien demostrado (2016-Shultz, 2014-Hollander, 2011-Wegener) que el uso del calzado en los niños provoca efectos sobre la biomecánica similares a los que provoca en los adultos. Las principales consecuencias que observamos son una disminución de la cadencia, se favorece el ataque de talón, aumenta la velocidad de la fuerza de impacto y aumenta el consumo de oxígeno. Si observamos la ciencia actualmente disponible, ninguno de estos efectos son deseados o beneficiosos para el desarrollo del niño. El calzado para niños que solemos encontrar en el mercado es estrecho, rígido, con talón elevado y con un arco realzado. Estos parámetros interfieren con el libre crecimiento del pie, incluso con el desarrollo motor general.

 

Opinión de los expertos

 

Las opiniones de los expertos sobre el tema parecen coincidir todas (o casi todas) en que el niño debería estar descalzo el máximo de tiempo posible o calzado con el calzado más minimalista posible. La asociación americana de pediatría lo repite desde hace mucho tiempo, la asociación de pediatría canadiense también para la mayoría de sus recomendaciones y la asociación médica podológica canadiense.

 

Por otra parte, algunos grupos parecen desconectados de la ciencia y basan sus recomendaciones sobre quién sabe qué. Ya viene siendo hora que la Unión francesa para la salud del pie renueve sus recomendaciones para los niños al igual que la American Podiatric Medical Association ¡ya que las tergiversaciones por influencias comerciales son flagrantes y expuestas sin problemas ni vergüenza!

 

¿Por qué se me ha dicho siempre lo contrario?

 

Si alguna vez os encontráis con escépticos que todavía recomiendan calzado para niños con las disparatadas características ampliamente integradas en el calzado actual, preguntarles las referencias que justifiquen estas recomendaciones. ¡Porque son ellos los que deberían mostrar que su intervención (poner un calzado enorme en el pie del niño en desarrollo) no es dañina o deseable! Veréis de nuevo que no hay ninguna evidencia ni lógica que justifique esta práctica, ¡aparte de promover un comercio lucrativo!

 

Nuestras conclusiones

 

Desde hace mucho tiempo, el calzado de los niños ha sido percibido por el consumidor, y promovido por los profesionales de la salud, como una herramienta para favorecer el buen alineamiento de las extremidades durante el crecimiento. Los materiales usados son rígidos y el pie queda sujeto firmemente en una estructura, además, incluso cuando este calzado no se usa mucho y a pesar de que nos pueda costar una pequeña fortuna, nos interrogamos poco sobre el valor de esta inversión. Actualmente, la ciencia y los expertos sostienen otro discurso. Cuatro características deberían orientar vuestra decisión en el momento de comprar un calzado para niños: cómodo, flexible, ligero y bajo (cercano a las sensaciones del suelo). Os explicamos todo esto en el Blog 2 titulado “Recomendaciones prácticas detalladas”.

 

Referencias 

2016-Shultz (Metabolic Differences Between Shod and Barefoot Walking in Children)

2014-Hollander (Effects of footwear on treadmill running biomechanics in preadolescent children)

2011-Wegener (Effect of children's shoes on gait: a systematic review and meta-analysis)

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