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El calzado y los niños (Segunda parte)

 

Recomendaciones prácticas detalladas

 

Comodidad ante todo

 

En América, una moda no muy alejada de la tradición china de los pies vendados ha influenciado el diseño del calzado para niños y adultos. En efecto, la parte anterior del calzado se ha redondeado y se ha hecho más estrecha, así que la forma se ha alejado del aspecto natural del pie para encerrar los dedos en un espacio estrecho. Nuestra primera recomendación es la siguiente: aseguraros que la pantufla, el botín, el calzado respete el ancho del pie y permita al niño mover libremente sus dedos sin restricciones laterales, ni en la punta ni en la zona de arriba. El pie no debe estar comprimido ni los dedos apretados unos contra otros.

 

Flexibilidad de los materiales

 

A esto se le añade otra característica a supervisar, la elección de los materiales y la flexibilidad del calzado. El calzado de los niños está generalmente fabricado con materiales rígidos: los laterales son duros, la suela es gruesa y rígida y el tobillo se mantiene por un soporte que está alzado y cerrado. La rigidez del calzado no tiene ninguna relación con su resistencia o su durabilidad, se trata únicamente de mantener el pie firmemente en una estructura con el fin de llevarlo a realizar correctamente su acción. Sí, lo habéis leído bien, el objetivo es de dirigir un movimiento que es natural y que científicamente no se reconoce como problemático. Nuestra segunda recomendación va en esta dirección: escoger un calzado flexible y bajo que podáis plegar y retorcer. Como es cierto para todo el cuerpo, los músculos que solicitamos poco no tienen la posibilidad de reforzarse. Un pie en movimiento se vuelve robusto y desarrolla músculos estabilizadores fuertes, un pie inmovilizado se vuelve débil y puede contribuir a una pérdida de la movilidad.

 

Cercano a las sensaciones del suelo

 

Golpear con el talón a cada paso, premiado en algunos calzados que se iluminan con las lucecitas a cada uno de los pasos, ¿es una buena o una mala noticia? Mala si la parte posterior del calzado es realmente más gruesa que la parte delantera. Los mismos centímetros de altura añadidos al calzado de un adulto que al calzado de un niño tiene unos precedentes bien distintos sobre estos últimos; sobre un calzado tres veces más pequeño, la importancia del desnivel entre el talón y la punta se acentúa y ¡nos aproximamos al equivalente de calzar a un niño con tacones altos! La imagen es chocante y muestra hasta qué punto es ilógico proponer tal elevación del talón y tal drop a un pie tan pequeño. Además, a este talón a menudo se le añade un pequeño cojín absorbente; una interferencia entre el pie y el suelo que anulará un buen número de sensaciones esenciales. Privar al pie de su sensibilidad en el suelo, es impedirle adoptar por sí mismo los mecanismos de protección intrínsecos y en consecuencia de modificar su apoyo. Nuestra tercera recomendación es privilegiar un calzado bajo que permita sentir el suelo y estimular el pie. La diferencia de altura entre la parte anterior y la parte posterior del calzado debe también ser lo más baja posible.

 

 

Los pies planos, ¿un peligro? ¡No!

 

Supinador, pronador, universal. ¿Os han tomado ya la huella de vuestro arco plantar, observado vuestra  zancada o estudiado las marcas de desgaste marcadas en vuestra suela con el objetivo de clasificaros entre una de estas categorías? Se trata de una creencia bien instaurada en la sociedad según la cual la estructura anatómica de los pies favorecería un tipo de pisada en particular. Entre estos tres tipos de pisada, únicamente la “universal” también definida como la “normal” repartiría eficazmente las fuerzas en el conjunto del pie gracias a su alineamiento óptimo. Los otros dos tipos, que solemos encontrar entre los corredores con pies planos y los pies cavos, deberían ser corregidos para acercarse lo máximo posible a una biomecánica alineada, es decir, la “universal”. Actualmente, a pesar que la ciencia haya invalidado estos conceptos, la promoción de estas tecnologías correctoras vendidas con plantillas extraíbles o integradas directamente en el calzado sigue siendo una realidad. De hecho, es una creencia tan fuerte que ejerce una importante incidencia en la composición del calzado para los más pequeños.

 

¿Con o sin soporte de arco?

 

El diseño del calzado de los niños es muy parecido al de los adultos y las curvas diseñadas en la suela no son una excepción. Si deslizáis vuestros dedos por el calzado de vuestro pequeño, encontraréis una estructura preformada con pendiente en medio de la suela, quiere decir que existe la presencia de un soporte de arco. Al comienzo de nuestras vidas, un cojín de grasa rellena el arco del niño. Más tarde, el arco plantar se estructura según unos factores en primer lugar genéticos, y en segundo lugar según el grado de estimulación. Nuestra última recomendación es la siguiente: comprar un calzado en el que el niño se encuentre cómodo y no sienta puntos de presión ejercidos sobre su pie. Además, si persiste el miedo sobre el pie plano, saber que es muy raro que estos causen dolores o problemas en la deambulación… ¡y que se observan más en los adultos que han llevado calzado rígido desde pequeños!

 

Nuestras conclusiones

 

Cuatro características deberían orientar vuestra decisión en el momento de comprar un calzado para niños: cómodo, flexible, ligero y bajo (cercano de las sensaciones del suelo). Acordaros que este es ante todo una interferencia entre la piel del pie y el suelo. Las bailarinas, los escarpines, las chanclas y algunos modelos de deporte cumplen el rol de protección sin intervenir demasiado durante el crecimiento. El modelo ideal se dobla, se retuerce, es cercano de las sensaciones del suelo y pesa muy poco. ¡Si además de esto, vuestro niño puede mover sus dedos y se encuentra cómodo, tenéis el calzado perfecto! ¿Os decimos algo mejor? Si todavía no ha dado sus primeros pasos, unos patucos son suficientes, ¡pero si ya anda y el tiempo y el sol se prestan, no hay nada como el pie descalzo!

 

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