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Varios estudios han mostrado que entrenarse con menos frecuencia puede favorecer que tengamos un mayor riesgo de desarrollar lesiones músculo-esqueléticas. La mayoría de los tejidos responden mejor a los pequeños estímulos frecuentes. Cuanto más frecuente es el estímulo, más se estimulan los procesos de adaptación y más fácil se hace el aprendizaje de la biomecánica. En otras palabras, es preferible correr con más frecuencia incluso si las salidas son más cortas.

 

Para inspiraros, aquí tenéis un fragmento de uno de los grandes clásicos del cine de carrera a pie, la película Forrest Gump. Para retomar una analogía de nuestro querido Forrest, correr para saborear más la vida, ¡correr para saborear más esa pequeña caja de bombones!