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¿La carrera a pie es un deporte para masoquistas?

Independientemente de que seáis un corredor debutante o uno de élite, sin duda que ya estaréis familiarizados con los dolores relacionados con vuestras salidas. Cuando corremos, las agujetas y los dolores tendinosos son numerosos. En efecto, se encuentran entre los síntomas más frecuentes pero también entre los más benignos.

 

 

 

Es normal tener dolor

 

Es importante que sepáis que es del todo normal sentir dolor cuando corréis. Entendámonos bien, aquí hablamos de leves dolores que no son duraderos. El estrés mecánico excesivo es el que origina una respuesta de vuestros tejidos (músculos, tendones, articulaciones y hueso) que generan una señal de alarma (el dolor), el cual os informa que habéis hecho más que de costumbre.

Por muy sorprendente que pueda parecer, la carrera a pie es uno de los pocos deportes en el que vamos a guiar nuestra progresión según los síntomas que sintamos.

 

 

El dolor es una guía

 

Estos síntomas son las señales que van a guiar nuestra evolución. Sin embargo, hay que saber distinguir las buenas señales de las malas, diferenciar los buenos dolores de los malos.

 

Los dolores musculares aparecen generalmente 24 a 72 horas después de un esfuerzo y desaparecen después, comúnmente les llamamos agujetas. Son bastante comunes, aunque nos están indicando que hemos hecho significativamente más de lo habitual.

 

Los dolores tendinosos también son frecuentes y conviene que les prestemos más atención. Un dolor que persista en vuestras salidas o que se vuelva matinal, incluso cotidiano, nos lo tendremos que tomar seriosamente.

 

Más raros son los dolores articulares y óseos, realmente son una señal que nos indica que hemos “cargado”. Será necesario, cuanto menos indicado, hacer unos días de reposo estricto.  

 

 

Los síntomas son modulados por diferentes factores

 

Actualmente está bien establecido que los dolores que sentimos se modulan a la alta o a la baja por estos 5 factores: la fatiga, el estrés, la ansiedad, las creencias y los miedos. En efecto, para un mismo estímulo doloroso, la intensidad del dolor percibido puede variar. Es por esto que tenemos que cuestionarnos:

  • ¿Duermes las horas que tu cuerpo necesita?
  • ¿Sufres algún estrés particular a nivel profesional o personal?
  • ¿Sueles sufrir ansiedad?
  • ¿Tienes las creencias adecuadas respecto a tus síntomas? - es decir, ¿tienes conocimientos fiables respecto a tus dolores?

 

La consecuencia es la siguiente: si vives un periodo marcado por la falta de sueño o el estrés, no dudes en pisar el freno. Disminuir el volumen y disminuir la intensidad, al menos de manera temporal.

 

De todas formas, si sufrís síntomas dolorosos en vuestra vida cotidiana que persisten entre vuestras sesiones, o incluso empeoran con el tiempo, es momento de hacer una consulta.   Encontraréis en este enlace a los profesionales de la salud que se encuentran cerca de ti formados por La Clínica Del Corredor.

Flavio Bonnet